miércoles, 17 de marzo de 2010

La casa de las mil puertas

Olor a fogón, a palo sagrado
velas encendidas, lágrimas de oro;
selvas que se asoman
desde las ventanas,
el jardín con un río
la tierra que hierve
de color floreado
repleta de pies.

Al fondo, la habitación central
el fuego encendido
canción circular
sentados al piso
beben el almíbar
jengibre, melaza
del tiempo quebrado
en finos trozos de cristal.

Curanderos, artistas, fieles,
vivientes, uterinos, calientes
no pueden brillar en soledad.
La casa de las mil puertas
llena de ollas humeantes
riestras de ajo colgantes
mate de medianoche
los arropa en libertad.

Amanece: que se abran las puertas
las miles de mágicas puertas
y el sol alimente los días
bronceados de santa limpieza;
los cielos se enlazan y empiezan
en escaleras rabiosas
y en los rincones de alquimia
la sed se torna canción.

Mentes, almas, auras
ebullen en su vientre
crean nuevos universos
adoran lunas, plantan semillas
golpean tambores,
se duermen, se enriedan, se toman
en cálidos lechos colgantes
balcones, galerías, miradores.

Será una utopía
paredes al óleo
sillas horadadas
ventanas al cielo;
será un milagro
de todos con todos
de tierra sagrada
ciudad catedral.

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LB-0768 (c. 1959)

cuero cabelludo
la frente
las orejas
la base del cráneo
la nuca
la espalda entre los omóplatos
la base de las costillas
el plexo solar
el estómago el esófago la garganta
los intestinos – el ano
el hueso pélvico las articulaciones
las piernas muslos tobillos los dedos de los pies
los brazos antebrazos y las manos
la respiración
la palpitación
los acaloramientos
los dolores – los cólicos –
el olor a sudor del animal
acorralado en máxima tensión

Louise Bourjois

"Estamos hechos de la misma sustancia con la que están hechos los sueños, y nuestra breve vida está rodeada de un sueño"

William Shakespeare, La Tempestad, (IV, esc. 1)