domingo, 27 de junio de 2010

Romance de un zorro ciego

Miraba por la hendidura
de una puerta entrecerrada,
y vi correr agua verde
de lluvia por la explanada.

Un zorro con sus demonios
oscuros, entre las sombras
venía cruzando manos;
sentí amarillo su aroma.

Se acercó y sopló en mi oído:
Dejame que te descubra:
Me encuentro blanco, cansino
lo creo, me han olvidado.

Como el halo de un perfume
encontré la voz del ciego
que se apuraba a cantar
horadadas natas viejas.

No importa, le dije, zorro,
esta noche se hacen vida
tus recuerdos remojados
tus velos negros, tus ninfas.

No importa lo que se hable
afuera, adentro, en la fronda
vos te herrumbrarás al seno
de una tierra que rezonga.

Sos vos y también sos ellos
todos los pequeños duendes
dulces pajaritos blancos
de tu inspiración fecunda.

No hace falta que velemos
por vos, más entrate al agua
remové, cuando durmamos,
avinagradas cizañas.

No tenemos verdes ramas,
ni tenemos cielo verde
aquí, cuando todo es ruina
vos también quemas los dientes.

Un país bajo las piedras,
tres bayonetas blandas
tiran en el cielo negro
misiles de azules nanas.

Y cuando se hacen espectro
tus formas de calendario
hay gritos, más gritos sordos,
¡que despierten los gitanos!

Habla fuerte caballero,
aunque seas zorro ciego
y tus demonios sean tontos
que te traen de la mano.

Habla fuerte, caballero,
que nos torturen tus ansias
Habla tanto y sigue hablando
aún retumban mis entrañas...

Los ojos llenos de alas,
con un niño de la mano,
el aire te vela, vela,
el aire te está velando.

No hay comentarios:


LB-0768 (c. 1959)

cuero cabelludo
la frente
las orejas
la base del cráneo
la nuca
la espalda entre los omóplatos
la base de las costillas
el plexo solar
el estómago el esófago la garganta
los intestinos – el ano
el hueso pélvico las articulaciones
las piernas muslos tobillos los dedos de los pies
los brazos antebrazos y las manos
la respiración
la palpitación
los acaloramientos
los dolores – los cólicos –
el olor a sudor del animal
acorralado en máxima tensión

Louise Bourjois

"Estamos hechos de la misma sustancia con la que están hechos los sueños, y nuestra breve vida está rodeada de un sueño"

William Shakespeare, La Tempestad, (IV, esc. 1)