No hace falta escribir libros.
En el cielo no existe el papel.
Las canciones son calcomanías;
las tizas se reemplazan por calmantes;
los presos, libres de jaulas, se tiran por el balcón.
Siembras locas se esparcen por el campo,
matar a las tórtolas ya no es necesario
para sanar el espíritu santo.
Escondimos música bajo el colchón.
¿Para qué sirve el Cielo lejano?
¿Y las bestias que dictan la ley?
No hace falta escribir poemas
ni desvastar a los malos.
Ya todo lo mundano se ha vuelto sagrado
en las otras capas del mundo azul.
En el cielo no existe el papel.
Las canciones son calcomanías;
las tizas se reemplazan por calmantes;
los presos, libres de jaulas, se tiran por el balcón.
Siembras locas se esparcen por el campo,
matar a las tórtolas ya no es necesario
para sanar el espíritu santo.
Escondimos música bajo el colchón.
¿Para qué sirve el Cielo lejano?
¿Y las bestias que dictan la ley?
No hace falta escribir poemas
ni desvastar a los malos.
Ya todo lo mundano se ha vuelto sagrado
en las otras capas del mundo azul.
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