jueves, 27 de enero de 2011

Almacenarse en lo oscuro

y amanecerse en lo cierto;

amanecer la noticia

de los continuos cristales,

y fuegos artificiales;

el alma que se ha cortado:

la cabeza entre los pies,

las rodillas, de costado.

Arriba están los recuerdos,

abajo, las carreteras

los pozos de fondo oscuro,

futuro amado y redondo;

El hogar lleno de almejas,

las langostas con veneno;

los humanos, como plaga,

comen rápido el relleno.

Amanecerse de noche

y bailar de madrugada,

defecar el horizonte,

y quemar las viejas las cartas.

Amanecerse y cenarse;

ser un pozo y ser un tronco,

un túnel, un poliformo.

Almacenarse mendigo,

de una suerte sin castigo,

pero eterna;

de una muerte caprichosa,

vagabunda, como rata,

elegida, continuada,

moribunda.

Arroparse el descocido

cuerpo que se te aprieta,

armarse con una capa

de valor indivisible,

alojarse en otro lindo

loco mundo que se arroja

a las azules vertientes

del deseo que dibuja.

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LB-0768 (c. 1959)

cuero cabelludo
la frente
las orejas
la base del cráneo
la nuca
la espalda entre los omóplatos
la base de las costillas
el plexo solar
el estómago el esófago la garganta
los intestinos – el ano
el hueso pélvico las articulaciones
las piernas muslos tobillos los dedos de los pies
los brazos antebrazos y las manos
la respiración
la palpitación
los acaloramientos
los dolores – los cólicos –
el olor a sudor del animal
acorralado en máxima tensión

Louise Bourjois

"Estamos hechos de la misma sustancia con la que están hechos los sueños, y nuestra breve vida está rodeada de un sueño"

William Shakespeare, La Tempestad, (IV, esc. 1)