Almacenarse en lo oscuro
y amanecerse en lo cierto;
amanecer la noticia
de los continuos cristales,
y fuegos artificiales;
el alma que se ha cortado:
la cabeza entre los pies,
las rodillas, de costado.
Arriba están los recuerdos,
abajo, las carreteras
los pozos de fondo oscuro,
futuro amado y redondo;
El hogar lleno de almejas,
las langostas con veneno;
los humanos, como plaga,
comen rápido el relleno.
Amanecerse de noche
y bailar de madrugada,
defecar el horizonte,
y quemar las viejas las cartas.
Amanecerse y cenarse;
ser un pozo y ser un tronco,
un túnel, un poliformo.
Almacenarse mendigo,
de una suerte sin castigo,
pero eterna;
de una muerte caprichosa,
vagabunda, como rata,
elegida, continuada,
moribunda.
Arroparse el descocido
cuerpo que se te aprieta,
armarse con una capa
de valor indivisible,
alojarse en otro lindo
loco mundo que se arroja
a las azules vertientes
del deseo que dibuja.
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